AMOR CIEGO

 

Mi cabeza me avisaba

que no me uniera contigo,

por ser mujer disipada

con demasiados amigos.

 

Mi corazón no dudó

y escogió tu flor perversa,

a tu pasión se entregó

cegado por tu belleza.

 

Te entregué todo mi amor,

te abrí las puertas de mi alma,

y recibí tu traición

como pago a mi confianza.

 

Todo se volvió dolor,

no podía soportarlo,

tú fuiste mi perdición

y nunca podré olvidarlo.

 

¡Cuántas veces el fragor

oímos de la pelea

de sentimiento y razón,

de corazón y cabeza!

 

Que el amor siempre es ceguera

y es el amante engañado

el último que se entera

y el primero en lamentarlo.

 

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© Manuel de Churruca y García de Fuentes