LAS VIRTUDES TEOLOGALES

 

La virtud de la Esperanza

tiene extraordinaria fuerza,

es tener plena confianza

en Dios y en la vida eterna.

 

Mas no es preciso que esperes

si ya has llegado a la meta,

porque la Esperanza muere

cuando lo esperado llega.

 

Como quien mucho ha pensado

y al fin halla la respuesta,

como el vigía de un barco

que por fin avista tierra.

 

Cuando el camino acabó

lo esperado no se espera,

pues tienes confirmación

de lo que fueron promesas.

 

La Esperanza ya no sirve

cuando al Paraíso entras

y se consuma o se extingue

porque ya es vana y superflua.

 

Otra virtud teologal

es la Fe en nuestras creencias,

es creer en la Verdad

que Dios reveló a su Iglesia.

 

La luz que alumbra el camino

sin dudas y sin tinieblas,

es creer sin haber visto,

es tener confianza ciega.

 

Mas esa luz ya no alumbra

en el fulgor de una estrella,

cuando un gran sol te deslumbra,

te obnubila y te incinera.

 

Cuando llegas hasta Dios

y ves su rostro tan cerca

tu Fe ya pierde valor

porque en presencia lo observas.

 

La Fe que montañas mueve

se funde en la misma hoguera

y entonces desaparece,

la Verdad ya se te muestra.

 

Por tanto la Caridad

es la virtud más perfecta,

la que se valora más,

la que al final solo queda.

 

El esperar y el creer

solo al caminar te rentan,

pues la esperanza y la fe

son las piernas que te llevan.

 

Mas la fuerza y el motor

que te mueve por la senda

en verdad es el Amor

que al final es lo que cuenta.

 

Del Amor nada se pierde

porque una vez que se crea

es energía tan fuerte

que su calor nunca cesa.

 

Amar a Dios y al hermano

aunque tu enemigo sea …,

por cada amoroso acto

tendremos la recompensa.

 

Por eso tu Caridad

en el Cielo se aprovecha

y va aumentando el caudal

de la Gloria sempiterna.

 

Sólo quedará el Amor

por ser su naturaleza,

porque es un trozo de Dios

que al mismo Dios nos acerca,

 

nos hace con Él fundirnos

y al mismo nos asemeja,

volver al Padre sus hijos

formando una misma esencia,

 

por los siglos de los siglos,

de una manera completa …

¡cuando todo esté cumplido

que todo se cumpla y sea!

 

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  © Manuel de Churruca y García de Fuentes