LUZ Y CALOR

 

Buscaba mi cabeza con esfuerzo

la forma de salir de un grave entuerto.

 

En vano se afanaba el pensamiento

buscando alguna luz para ese agujero.

 

Me diste tu farol por resolverlo,

aquello que tú llamas tu intelecto.

 

Mas no hallé en tu farol llama ni fuego

ni nada que brillara en tu cerebro.

 

No sé si tu farol lo apagó el viento

o vino así, sin luz, de nacimiento.

 

Que tu oscuro fanal cargue tu cuerpo

porque un farol sin luz es peso muerto.

 

Pero agradezco al fin tu ofrecimiento

y por un buen amigo yo te tengo.

 

Pues a veces valen más los sentimientos,

el calor que no brilla cual lucero,

 

pero emana de un corazón sincero,

tan grande … ¡que ni te cabe en el pecho!

 

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 © Manuel de Churruca y García de Fuentes