PINTANDO TU ROSTRO

 

Pinté tu rostro en el agua,

mas el agua lo borraba.

 

Pinté tu rostro en el aire,

pero éste no lo guardaba.

 

Ya con el dedo desnudo

pinté tu rostro en tu cara

 

y comprobé con asombro

cómo éste se transformaba:

 

Lanzando un alegre brillo

tus ojos más se alargaban,

 

mientras una gran sonrisa

todo el cuadro iluminaba,

 

descubriendo la belleza

de tu dentadura blanca.

 

Recorrí toda tu piel,

casi apenas sin tocarla,

 

tu frente, boca y nariz,

pómulos, cejas, pestañas, …

 

Y en tus labios te di un beso …

¡por dejar mi obra firmada!

 

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 © Manuel de Churruca y García de Fuentes