SER HOMBRE

 

Cuando yo era sólo un niño

el ser hombre era llevar

unos pantalones largos

y calzones de verdad.

 

Al llegar la adolescencia

el ser hombre era fumar,

era llegar tarde a casa,

beber más que los demás.

 

Luego cumplimos dieciocho,

la mayoría de edad,

y el hombre tenía coche

y podía ya votar.

 

Con los veintitantos años

el ser hombre era ligar,

estar con muchas mujeres

y cumplir como el que más.

 

Luego la vida te cambia

y ser hombre es trabajar,

poder ganar tu dinero,

poderte independizar.

 

Después, sin darte ni cuenta,

llega una mujer fatal

que consigue enamorarte

y llevarte hasta el altar.

 

Y ya te sientes muy hombre

cuando te llaman papá,

eres alguien respetable

y ya has formado un hogar.

 

Pero al pasar los cincuenta

vuelves a considerar

que en verdad no eres un hombre

hasta que, en pose de orar,

 

arrodillado y echado

como reza un musulmán,

por "cumplir un protocolo",

¡te hacen un tacto rectal!

 

"Deje usted flojo el esfínter,

si lo aprieta duele más,

así, un poquito más dentro ...

¡esto está fenomenal!"

 

Mi retaguardia invencible,

de tradición virginal,

al fin tuvo que rendirse

al dedo inquisitorial.

 

Hasta aquí llegó mi hombría,

mi pulcra virilidad,

los tabús se desvanecen,

se impone la realidad.

 

Si el doctor es conocido

y el tacto no fue tan mal ...

¡pues "de perdidos, al río"

y lo invitas a cenar!

 

P.D.

 

Me dicen que aún hay más cosas

que luego se han de tratar:

los problemas de la próstata,

la vesícula biliar,

 

la nueva colonoscopia

y espero que nada más,

que al fin pienso que es un hombre

¡el que aguanta hasta el final!

 

        ——oooOooo——

 

 

 

  © Manuel de Churruca y García de Fuentes