DELMIRA AGUSTINI

 

       (BIOGRAFÍA)

 

 

 

OJOS-NIDOS
(Para mi madre)


Entre el espeso follaje
de una selva de pestañas
hay dos nidos luminosos
como dos flores fantásticas.
¡Nidos de negros fulgores,
de oscuras vibrantes llamas!

Y allá: dentro de esa selva
de follaje negro, espléndido,
en el fondo de esos nidos,
como flores de destellos,
¡agita sus ígneas alas
el ave del Pensamiento!

 

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FLOR NOCTURNA

Cuando la noche tendiendo
su manto de gasa negra
la silenciosa campiña
envuelve en sombras funéreas.

Cuando allá en el firmamento
las argentinas estrellas
semejan ígneas pupilas
que inmóviles nos contemplan.


Cuando las aves nocturnas
exhalan lúgubres quejas
que vibran en el silencio
monótonas y siniestras.


Cuando el genio de las sombras
de su letargo despierta,
e invisible en torno nuestro
se agita y revolotea.


Entonces, entre el follaje,
tímidamente encubierta,
pálida flor, entreabres,
tu corola marfileña.

 

Tu corola que del día
a primer albor se cierra,
para reabrirse al helado
contacto de la tiniebla.

 

¡Hastiada siempre de lumbre!
¡Siempre de sombras sedienta!
¡Extraño destino el tuyo!
El día te encuentra muerta.


Tu triste vida concluye
cuando la nuestra comienza.
Mas cuando tu cáliz abres
nuestras pupilas se cierran ...

Y entonces tal vez tu vida
más dulce y pálida sea,
allá perdida en las sombras
entre el follaje encubierta,

¡Lejos de envidias y odios!
¡Lejos de traiciones negras!
Sigue tu vida, abre siempre
cuando la noche comienza,

y al primer albor del día
tu cáliz de nácar cierra
para reabrirlo al helado
contacto de la tiniebla,

¡Hastiada siempre de lumbre!
¡Siempre de sombras sedienta!

 

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