ANDE YO CALIENTE
Y RÍASE LA GENTE.

 

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente …
¡y ríase la gente!

 

Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados (1);
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente …
¡y ríase la gente!

 

Cuando cubra las montañas
la blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió (2) me cuente …
¡y ríase la gente!

 

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena (3)
sobre el chopo de la fuente …
¡y ríase la gente!

 

Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar

del golfo de mi lagar

la blanca o roja corriente (4)

¡y ríase la gente!

 

Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente (5)
¡y ríase la gente!

 

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ACLARACIONES:

  1. Las mil cuidados o preocupaciones del Príncipe, aunque coma en rica vajilla, no tendrán solución
    (como píldoras dorados).
  2. Por las patrañas del Rey que rabió se entiende cualquier cuento o historia antigua, de hace mucho tiempo.
  3. Filomena: el ruiseñor. En la mitología griega, Filomena y su hermana mataron a Itis, lo cocinaron y lo dieron a comer a su padre, razón por la cual los dioses convirtieron a Filomena en ruiseñor.
  4. Leandro pasaba cada noche a nado el estrecho de Dardanelos para encontrarse a su amada Hero, hasta que una noche muere ahogado y ella se suicida tirándose también al mar. Góngora dice que prefiere pasar el golfo de su lagar o bodega, bebiendo la corriente de vino blanco o tinto.
  5. Las ropas ensangrentadas de Píramo hacen suponer a su amada Tisbe que ha muerto, por lo que se suicida clavándose una espada, en la que también se ensarta él cuando la ve muerta. Por eso la espada es el lecho conyugal (tálamo) de los amantes. Góngora se burla de ello en la conclusión del poema, diciendo que prefiere comerse un pastel.

 

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