EN EL BALCÓN UN INSTANTE

 

En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos,
desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.

 

El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.

 

Le dije que iba a besarla;
la pobre bajó los ojos
y me ofreció sus mejillas
como quien pierde un tesoro.

 

Las hojas muertas caían
en el jardín silencioso,
y en el aire fresco erraba
un perfume de heliotropos.

 

No se atrevía a mirarme,
le dije que éramos novios
y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.

 

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