OCASO SENTIMENTAL

 

Plazuela del Alamillo,
¡cuánto te recuerdo yo
con tus floridas ventanas
todas doradas de sol!


Aún existe la casita
del anchuroso portón
con su escudo en la fachada
y el alegre mirador;

flores, lo mismo que entonces
y el mismo rayo de sol
y otros novios que se dicen
dulces nonadas de amor.


En la moruna plazuela
sólo faltamos tú y yo.
Con el vaivén de los años
la vida nos separó.

Dios sabe en dónde tú cuidas
a los hijos de otro amor.
Yo sigo tejiendo sueños,
araña de mi rincón,

 

y si me miro al espejo
parece que no soy yo.
Desde entonces, ¡cuántas sombras
cayeron sobre los dos!

Sólo nuestra vieja plaza
sigue dorada de sol,
mas yo no rondo tu calle
ni estás tú en el mirador.

Novia a quien no besé nunca,
el azar nos separó,
¡toda vestida de blanco
te guardo en mi corazón!

¿Qué habrá hecho con tu belleza
este tiempo que pasó?
¿Tendrá la misma dulzura
la música de tu voz?

¡Veinte años que no nos vemos,
y acaso sea mejor
que no veas mi crepúsculo
ni tu ocaso vea yo!

Novia mía: ¡cuando paso
por nuestro antiguo rincón
el gris que hay en mis cabellos
me duele en el corazón!

 

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