A JESÚS CRUCIFICADO

 

Delante de la cruz, los ojos míos

quédenseme, Señor, así mirando

y sin ellos quererlo estén llorando

porque pecaron mucho y están fríos.

 

Y estos labios que dicen mis desvíos

quédenseme, Señor, así cantando

y, sin ellos quererlo, estén rezando

porque pecaron mucho y son impíos.

 

Y así, con la mirada en Vos prendida,

y así, con la palabra prisionera,

como la carne a Vuestra Cruz asida,

quédeseme, Señor, el alma entera

y así, clavada en Vuestra Cruz mi vida,

Señor, así, cuando queráis, me muera.

 

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